Alegría y Plenitud Parte I

May 6, 2018

 

 

A veces nos sentimos alicaídos, bajos de moral, hundidos, con pocas ganas de afrontar lo que la vida nos presenta… Incluso podemos llegar a pasar largas temporadas en que nos sentimos arrastrando el tren de nuestra vida, en un estado de animo pesaroso y cansino, lleno de grises y sin ilusión alguna.

 

“No tienes el ánimo bajo porque las cosas no van bien,

sino que las cosas no van bien porque no tienes el ánimo arriba”

Canto

 

                              

Mientras tanto, nuestra mente no para de justificarnos constantemente las razones de tal situación: nuestro trabajo o la falta de este, penurias económicas, la actitud de nuestra pareja, un hijo que nos preocupa, falta de sentido en la vida,… y a veces todas ellas y ninguna. Nuestra existencia diaria nos ofrece un ramillete de poderosas razones para sentirnos hundidos, y sentimos que todas estas razones son externas a nosotros, forman parte de nuestro entorno.

 

 

Y la realidad es todo lo contrario. Nada ni nadie tiene el poder para influir en nuestro estado anímico. Sentirse bien es una tarea interior, personal y totalmente independiente. No significa que vivamos en un mundo irreal donde no haya problemas. Los problemas existirán hasta que dejemos de vivir, pero lo importante es cómo los afrontamos. Ahí anda la diferencia.

 

Nuestro estado emocional son las gafas con las que observamos la vida, y a partir de lo cual: accionamos. Todos tenemos la experiencia de cómo un hecho concreto, el mismo hecho, nos ha generado emociones contradictorias, en función del estado emocional en que nos ha encontrado. No es, pues, el exterior el que manda sobre nuestras vidas, el que define cómo sentirnos emocionalmente. Nuestro estado emocional es una decisión absolutamente interior, es una decisión personal.

Y decidir los ojos con los que observamos el mundo, nos abre o cierra el mar de oportunidades que nos rodea. ¿Acaso no hemos vivido nunca la experiencia de estar enrocados en un problema y con la llegada de un amigo, que goza de una perspectiva distinta, nos insufle un estado emocional de entusiasmo y nos conduzca a una realidad distinta? ¿Está, pues, fuera o dentro la capacidad de pintar nuestro entorno acorde a lo que queremos y vivimos?

 

Cuando estamos en estados de ánimo positivos, tales como felicidad, entusiasmo, admiración,… nos adentramos en un mundo lleno de nuevas posibilidades para el futuro. Mientras que, en estados de ánimo negativos, como tristeza, miedo, ansiedad,… nos encontramos en un mundo oscuro, sin salidas.

 

Dominar nuestro estado anímico es el instrumento básico del que disponemos para empezar a crearnos la vida que deseamos. Requiere de un ejercicio enérgico   permanente. Es un jardín que pide un cuidado y mimo constante. No lo soluciona todo, pero es el foco que puede iluminar el camino que nos haga una vida más fácil y plena o una vida desagradable y llena permanentemente de obstáculos insalvables. Cada estado de ánimo trae consigo su propio mundo

 

Siendo así, ¿por qué no optamos, pues, por crearnos un estado anímico permanentemente, positivo, vigoroso y sereno?

 

Dos son las razones básicas. La primera es que nuestro estado anímico muchas veces no lo detectamos fácilmente, nos es poco visible a nosotros mismos; y por ello, entendemos que lo que causa de nuestro estado de ánimo se debe a nuestro mundo exterior, a los problemas que nos envuelven. Se lo achacamos a las personas, a las circunstancias, a los problemas que nos agobian; y a partir de ahí, construimos nuestro mapa mental que nos justifica nuestro ánimo, y por ende nuestra vida.

 

La segunda razón, es que mantener un estado anímico de calidad requiere vigilancia permanente y actitud proactiva constante. Requiere no bajar nunca los brazos. Como decía un maestro: “somos flojos hasta para ser felices”.

 

Para ayudarnos a conseguir este estado anímico positivo es crítico, pues, adoptar una actitud positiva, una voluntad de disfrutar de un estado anímico alegre. Y en esta tarea debemos, además, ayudarnos con aquellos apoyos que nos predisponen a un estado de ánimo positivo: ponernos aquella música que nos da buen rollo, rodearnos de esas personas que nos aportan alegría y serenidad, vestirnos hoy con aquella blusa que nos da jovialidad, o aplicarnos una crema de la Línea de Vitalidad y Optimismo de Emocosmética. Por encima de todo, tenemos que estar convencidos de que lo que realmente nos permite disfrutar de un estado anímico positivo es la decisión de estar bien, la decisión de tomar la responsabilidad de decidir nuestro estado anímico y conseguirlo. Esto está en nuestras manos, ya sólo depende de nosotros tomar la decisión de hacerlo realidad.

 

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